Notar más cabellos en la regadera, en el cepillo o sobre la almohada puede encender las alarmas. La Clínica Mayo aclara que perder entre 50 y 100 cabellos al día es parte del ciclo normal: cada pelo crece, se prepara para caer y descansa hasta desprenderse, mientras uno nuevo ya empuja desde abajo.

El problema surge cuando muchos folículos entran a la fase de descanso al mismo tiempo. Entonces la caída se vuelve repentina y generalizada. A ese fenómeno se le conoce como efluvio telógeno: el cuerpo vive una situación estresante y “apaga” temporalmente a muchos folículos.

Lo particular es que la caída no aparece en el momento del estrés, sino semanas o meses después. Por eso muchas personas no conectan el evento con la pérdida de cabello. Entre los detonantes más comunes están una enfermedad, fiebre alta, infección o cirugía; estrés físico o emocional fuerte; el posparto; bajar de peso muy rápido; cambios hormonales y algunos medicamentos.

La buena noticia es que suele ser temporal. Cuando la causa se corrige o desaparece, el folículo retoma su ciclo y el cabello vuelve a crecer, aunque la recuperación es gradual.

Hierro, tiroides y otras causas

El hierro es clave para el crecimiento del cabello, y su deficiencia es una de las causas que más se revisan. Es frecuente en mujeres con menstruación abundante o en personas con dietas vegetarianas mal planeadas. Puede venir acompañada de cansancio, palidez y uñas quebradizas. Un análisis de sangre que mida la ferritina permite saber si hay una deficiencia real y cuánto suplemento se necesita.

La glándula tiroides regula el metabolismo. Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden provocar caída difusa del cabello. Otras pistas son cambios de peso sin razón aparente, mucho frío o mucho calor, o alteraciones en el estado de ánimo.

También existen otros tipos de alopecia. La androgenética es la más común: genética y hormonal, adelgaza el cabello poco a poco, sobre todo en la parte de arriba y la coronilla. La alopecia areata cae en parches y tiene un origen autoinmune. En la menopausia y perimenopausia, los cambios hormonales pueden modificar el grosor y la densidad del cabello.

Cuándo consultar y qué hacer

Consulta a un médico general o a un dermatólogo si notas una caída repentina o muy abundante, pérdida en parches o zonas con poco pelo, caída que dura varios meses sin mejorar, o si hay otros síntomas como cansancio constante, cambios de peso o alteraciones menstruales.

Un especialista puede revisar el cuero cabelludo y, si hace falta, pedir análisis de sangre para buscar el origen. Tratar la caída sin saber la causa puede ser tiempo perdido. Mientras tanto, cuida tu alimentación: evita las dietas extremas y asegúrate de comer proteína y alimentos ricos en hierro. Maneja el estrés: dormir bien, hacer ejercicio y buscar apoyo emocional cuando lo necesites también ayuda a tu cabello. Sé suave con tu cabello: mientras dure la caída, evita planchas, secadores muy calientes y tintes agresivos. No compres suplementos a ciegas: lo mejor es confirmar primero si hay una deficiencia.

Tu cabello no siempre es solo un tema estético; a veces es una señal temprana de que algo en el cuerpo necesita atención.