Ciudad Juárez.- En Ciudad Juárez, la costura se mantiene como un oficio que se niega a desaparecer, a pesar del avance de la automatización industrial. Desde talleres domésticos con una sola máquina hasta subrogados de maquiladoras, los costureros locales conservan una tradición que se remonta al Paleolítico, hace más de 10 mil años, cuando coser era vital para sobrevivir al frío.

El Centro Histórico concentra la mayor parte de estos negocios, especialmente en los mercados Hidalgo y Carranza, ubicados sobre la avenida Francisco Javier Mina y que comparten el cruce con la calle Venustiano Carranza. Ahí, Alexandro, de 26 años, ha crecido entre patrones, hilos y telas en el Mercado Carranza, aunque no se define como costurero.

"Mis papás tienen una mercería; se han dedicado a vender lo básico para coser. Toda mi vida he trabajado con ellos, donde los costureros se surten", comenta Alexandro, quien abrió un nuevo taller para brindar empleo a adultos mayores. Durante su infancia, los mercados estaban llenos de talleres que vendían prendas hechas en el lugar, pero hoy muchos espacios están vacíos, sobre todo en el Hidalgo.

El Centro Histórico alberga más locales dedicados a este rubro, concentrados especialmente en los mercados Hidalgo y Carranza
El Centro Histórico alberga más locales dedicados a este rubro, concentrados especialmente en los mercados Hidalgo y CarranzaMat Romero

Alexandro observa que ya no quedan muchas mujeres en el oficio; ahora predominan los hombres, que se sostienen principalmente de las reparaciones. Sin embargo, los clientes se resisten a pagar precios justos: "Llega la gente a pedir bastillas, zippers; se cobraban 15 o 20 pesos y ahorita viene la gente y quieren que les cobren los mismos precios de hace 10 o más años. Ahorita una reparación sencilla se cobra en 50 pesos y aunque viene mucha gente de El Paso, de zonas de dinero y quieren que les cobren lo mismo de antes; está muy menospreciado su trabajo, pero es algo que vale mucho", relata.

Sandra, de 55 años, dedicada al oficio desde niña, estudió Alta Costura de adulta y obtuvo el título de modista. El término Alta Costura (Haute Couture en francés) nació en Francia y se refiere al diseño, corte y confección de una prenda exclusiva para un solo cliente, con materiales de alta calidad y costura hecha, de preferencia, a mano. A Sandra le atrae lo personal e íntimo de su trabajo, como crear un vestido de novia que quedará en los recuerdos.

"A veces los clientes incluso te invitan a su evento, te nombran y agradecen por haberles hecho el vestido. Tal vez el evento dura un día, dos con la tornaboda, pero los recuerdos, las fotos se quedan para toda la vida: son las que van a ver los hijos, los nietos y todos los que vienen", dice la modista.

"Yo me dedico más a hacer los trajes para los caballos: la careta, la manta, las riendas y las cabezadas; yo soy el único que hago este trabajo en Juárez"
"Yo me dedico más a hacer los trajes para los caballos: la careta, la manta, las riendas y las cabezadas; yo soy el único que hago este trabajo en Juárez"Mat Romero

La sastrería tiene raíces antiguas: en el Neolítico (10 mil años a. C.), los primeros rastros de costura estética con lino marcaron su nacimiento. El oficio tuvo auge en la Edad Media, y en el año 1100, el Rey Enrique I otorgó reconocimiento y privilegios a los sastres de Oxford, en Inglaterra. Con el tiempo, la sastrería se adaptó, incluso por el ahorro de materiales en las guerras mundiales, hasta quedar destinada a los trajes de etiqueta del hombre moderno.

En México, la industria del vestido tiene un valor de producción de cerca de 86 mil millones de pesos, con 102 mil 388 establecimientos y más de medio millón de personas ocupadas, de las cuales el 54 por ciento son mujeres, según datos del Inegi. Luis Alvarado, de 36 años, con más de una década de experiencia, aprendió costura gracias a su padrastro, que tenía un taller de sastrería. Prefiere dejar el corte y confección de prendas a la medida en manos de su hermano, quien tiene otro taller en el mismo Mercado Carranza.

Mat Romero

Luis es el único en la ciudad que realiza vestiduras para caballos de carreras: "Yo me dedico más a hacer los trajes para los caballos: la careta, la manta, las riendas y las cabezadas; yo soy el único que hago este trabajo en Juárez. También hago composturas y bordados. Voy a las carreras de caballos y ahí tengo amigos que son 'jockeys' (jinetes de carreras) y fueron los que me empezaron a decir que hiciera todo esto; primero no quería y cuando hice el primer conjunto, se me hizo fácil y me gustó", externa. En su taller utiliza máquinas de coser recta, sobrehiladora (overlock), recta de arrastre, especial para costura gruesa y bordadora, todas de nivel industrial.

Los costureros han perdido terreno frente a la industria que puede armar una prenda completa con procesos autómatas y a velocidades inalcanzables, lo que ha abierto una brecha en los costos de producción. Aun así, en Juárez los talleres siguen firmes, resistiendo a ser devorados por la producción robotizada.