La creencia popular de que la inteligencia se hereda de la madre tiene bases científicas, pero la realidad es más compleja de lo que sugieren las publicaciones virales. El punto de partida es el trabajo del genetista Robert Lehrke, quien identificó que una proporción considerable de los genes vinculados a las capacidades cognitivas se localiza en el cromosoma X.
Las mujeres portan dos cromosomas X (XX), mientras que los hombres tienen uno solo junto a un cromosoma Y (XY). Debido a esta diferencia, las madres siempre transmiten uno de sus cromosomas X a su descendencia, sin importar el sexo. En cambio, los padres solo pueden pasar su cromosoma X a las hijas, nunca a los hijos varones. Esto incrementa la probabilidad estadística de heredar los genes cognitivos ligados al X por la línea materna.
Impronta genética y evidencia experimental
Un hallazgo clave proviene de la Universidad de Cambridge, donde científicos trabajaron con ratones modificados genéticamente. Descubrieron genes condicionados que únicamente se activan si proceden de la madre; cuando el mismo gen llega del padre, permanece inactivo. En ese estudio, no se detectó ninguna célula de origen paterno en la corteza cerebral, región responsable de funciones cognitivas avanzadas como el lenguaje y el razonamiento.
Por el contrario, los genes de origen paterno sí están presentes en el cerebro, pero se concentran en áreas como el sistema límbico, asociado a las emociones y los instintos, más que al pensamiento lógico o verbal. Investigaciones realizadas en Escocia han mostrado una correlación fuerte entre el coeficiente intelectual de la madre y el de sus hijos, lo que aporta evidencia indirecta a favor de una influencia materna más marcada.
La herencia de la inteligencia es poligénica
No obstante, la comunidad científica mantiene un debate sobre la solidez de esta teoría. Especialistas en genética advierten que no hay pruebas concluyentes de que la herencia de la inteligencia opere de manera tan simple y unidireccional. La inteligencia es un rasgo poligénico: depende de la combinación de cientos de genes distribuidos por todo el genoma, no solo de los ubicados en el cromosoma X.
Además, el entorno desempeña un papel enorme en el desarrollo cognitivo. Factores como el contacto físico temprano, la estimulación mental, la lectura, una nutrición adecuada y un sueño reparador influyen directamente en la formación del cerebro infantil. Por ello, la respuesta más honesta ante el debate familiar es que probablemente intervienen ambos padres, pero también cuenta mucho el ambiente de crianza y el nivel de estimulación recibido.