Una creadora de contenido que se dedica a las compras personales para clientes fue confrontada por una gerente de una tienda TJ Maxx en California, luego de que la empleada le pidiera detener una videollamada en la que mostraba productos a una clienta. La situación, relatada por la usuaria de TikTok @StreamBuy with Karla, desató un debate sobre los límites de esta actividad y su posible conflicto con las condiciones de una visa de visitante B1/B2.

Karla explicó que acudió al establecimiento para atender a su clienta, identificada como Cintia. Comenzó a llenar un carrito con bolsas y otros artículos mientras transmitía en vivo por videollamada para que su clienta eligiera. Poco después, empleados de la tienda se acercaron a preguntarle si necesitaba ayuda, y más tarde la gerente le cuestionó sobre sus compras y una supuesta devolución anterior.

La creadora negó que esa práctica formara parte de su rutina. Aclaró que utiliza las videollamadas para mostrar los productos y que son sus clientes quienes deciden qué comprar. Si algún artículo es rechazado, ella lo regresa a su lugar. “Hay formas para hablar”, reclamó Karla, al considerar que la gerente no le permitió explicar su versión completa.

Según su relato, la tienda le mencionó una nueva política, y Karla dijo estar dispuesta a respetarla. Incluso recordó que en otras tiendas ha aceptado límites en la cantidad de productos que puede adquirir. Tras el incidente, su clienta optó por no quedarse con los artículos, así que Karla los devolvió a los estantes y se retiró del lugar. Luego continuó sus compras en Burlington y Ross sin contratiempos.

¿Un problema migratorio más allá de la tienda?

El caso cobra relevancia porque la actividad de Karla no se limita a comprar para sí misma: ella misma ha dicho que realiza compras para clientes, se comunica con ellos durante la selección y luego comercializa la mercancía. El Departamento de Estado establece que una persona con visa B-1/B-2 no puede aceptar empleo ni trabajar en Estados Unidos, aunque sí se permiten ciertas actividades empresariales como consultas o negociaciones.

La normativa es clara: una B-1 no está destinada a que una persona obtenga empleo ni realice trabajo calificado o no calificado en territorio estadounidense. Una cosa es comprar productos durante una visita y otra muy distinta es prestar un servicio de compras como parte de un negocio. En el caso de Karla, su propia descripción sugiere que estaba trabajando para una clienta, lo que podría generar dudas migratorias.

Realizar una actividad no autorizada no cancela la visa de inmediato, pero sí puede acarrear consecuencias. El Departamento de Estado advierte que una visa puede ser revocada en ciertas circunstancias, y los oficiales de CBP tienen la autoridad final para admitir a cada visitante. Incluso hay registros de personas con visa de visitante que fueron identificadas en empleo no autorizado y enfrentaron acciones migratorias.

La tienda y las autoridades migratorias: asuntos separados

Es importante distinguir entre las políticas de una tienda y las decisiones migratorias. Una tienda puede fijar reglas sobre compras, devoluciones, grabaciones o cantidades máximas, pero la determinación sobre la admisión corresponde a las autoridades estadounidenses. Karla aseguró que habría respetado cualquier límite de compra que le hubieran comunicado.

El incidente en TJ Maxx, aunque parece una disputa sobre la forma de comprar, plantea una pregunta de fondo: ¿qué tan compatible es el modelo de negocio de un personal shopper que cruza a Estados Unidos con una visa B1/B2? La respuesta oficial es contundente: una visa de visitante no autoriza a aceptar empleo ni trabajar en el país.