Ciudad de México.- En México, el 46 por ciento de las personas de 20 a 29 años continúa viviendo con sus padres, de acuerdo con el Panorama Social 2024 de la OCDE. La cifra supera con creces a la de países como Dinamarca (10 por ciento) o Suecia (12 por ciento), aunque se mantiene por debajo de Italia, donde alcanza el 80 por ciento. Este fenómeno, cada vez más común, no solo responde a factores económicos: también tiene implicaciones psicológicas y sociales que los especialistas consideran urgente atender.
La Encuesta Demográfica Retrospectiva 2025 del INEGI refuerza la tendencia: apenas el 16.9 por ciento de los nacidos entre 1998 y 2007 logró independizarse antes de los 18 años. En contraste, el 31.1 por ciento de quienes nacieron entre 1961 y 1967 lo consiguió a esa edad. En tres décadas, la salida del hogar familiar se ha postergado de manera notable.
La psicóloga Julia Moraleda advierte que esta situación puede generar sentimientos de fracaso personal. “El problema no es la convivencia en sí, sino la brecha entre la meta que la persona se puso y la realidad que está viviendo”, señala. La falta de autonomía, aunque sea por causas estructurales, golpea la autoestima y distorsiona la percepción de logro.
Otro efecto poco visible es la limitación en el desarrollo de habilidades para la vida independiente. Administrar un presupuesto, cocinar o resolver problemas cotidianos sin ayuda son competencias que no se practican de forma sostenida. “No es que la persona sea incapaz, es que simplemente nunca ha tenido que ponerlas en práctica de forma sostenida”, explica Moraleda.
Las relaciones de pareja también se ven afectadas. La psicóloga Vanesa Fernández indica que “estas relaciones tienden a infantilizarse, ya que los espacios de intimidad se reducen y los límites quedan marcados por la dinámica familiar, no por la pareja misma”. La convivencia con los padres impone reglas y ritmos que dificultan construir un vínculo adulto.
Sin embargo, vivir con la familia no es negativo en todos los casos. Especialistas consultados por Publimetro Chile subrayan que el impacto depende de cómo se experimente la convivencia. Si hay autonomía emocional y espacios de individualidad, puede fortalecer los lazos y brindar apoyo. “La alerta aparece cuando no hay autonomía emocional de por medio, es decir, cuando la persona sigue funcionando como el hijo de la casa en lugar de como un adulto que simplemente comparte espacio con su familia”, puntualiza Moraleda.
La recomendación de los expertos no es irse por irse, sino convertir ese tiempo en una etapa productiva: ahorrar, concluir estudios o trazar un plan de independencia. Establecer responsabilidades y límites dentro del hogar ayuda a mantener vivas las habilidades de autonomía. La clave está en no quedarse por inercia, sino avanzar con intención hacia una vida propia.