Arizona.- La Universidad Estatal de Arizona (ASU) sumó una licenciatura en creación de contenido a su oferta académica, una apuesta que responde al creciente interés de los jóvenes por convertirse en influencers. El programa, que depende de la Escuela de Periodismo y Comunicación de Masas Walter Cronkite, combina materias de comunicación masiva con optativas enfocadas en podcasting, producción de estudio y presencia ante cámara.
El anuncio no tardó en generar debate. Hay quienes cuestionan si la creación de contenido es una profesión legítima y si vale la pena invertir en un título universitario para una carrera que, en apariencia, cualquiera puede ejercer desde su teléfono. Sin embargo, ASU no es pionera en este terreno: Syracuse University, Quinnipiac University y Colorado State University ya ofrecen minors, y St. Bonaventure University lanzó una especialización el invierno pasado.
Brooke Erin Duffy, profesora de comunicación en la Universidad de Cornell, considera que estos programas marcan un punto de inflexión. Según explicó, las instituciones educativas han empezado a reconocer la creación de contenido como una carrera viable, aunque el término 'influencer' todavía genere rechazo. La imagen típica, dijo, es la de una "chica joven que se toma selfies y obtiene enormes recompensas sin hacer nada".
Pero la realidad es más compleja. Muchos creadores trabajan en producción de medios, estrategias de retención de audiencia, alianzas con marcas y relaciones comerciales. "Es un trabajo que consume tiempo, es laborioso y a menudo no paga bien, al menos al principio", advirtió Duffy. "Pero mucho de eso queda oculto tras la suposición de que es el trabajo soñado".
Max Willens, analista principal de Emarketer, aporta otra perspectiva. La firma proyecta que los ingresos de los creadores en Estados Unidos superarán los 20 mil millones de dólares este año, pero Willens matiza: "La abrumadora mayoría de ese dinero no va a los bolsillos de los creadores". La mayor parte proviene de contenido patrocinado, y se espera que el gasto de las marcas en distribuir y amplificar contenido supere lo que los creadores ganan produciéndolo.
Willens también lanzó una advertencia: la idea de que un título especializado "convierta a la gente en máquinas virales merece una dosis de realidad". A esto se suma el costo: en ASU, la matrícula base para residentes de Arizona es de unos 12 mil dólares al año, pero el costo total puede superar los 37 mil. Para estudiantes de otros estados, la matrícula supera los 35 mil y el costo total ronda los 60 mil.
Aiesha Beasley, creadora de contenido en Phoenix desde hace tres años, ve valor en estos programas incluso para quienes no buscan fama. "Tener presencia digital y una marca personal es muy importante hoy en día", afirmó. Beasley trabaja con pequeños negocios para optimizar sus redes y destaca que los cursos de ASU enseñan habilidades transferibles a comunicación y marketing.
Sammy Cristerna, actor y creador graduado de ASU en sociología y ciencias políticas, dijo que "absolutamente" habría tomado clases del programa. Los cursos le habrían servido para negociar contratos con marcas, maximizar monetización y cultivar audiencia. Aunque algunas habilidades se aprenden con la experiencia, "es bueno tener esa educación formal". Lo que no está seguro de que se pueda enseñar es la personalidad: para conectar ante cámara se necesita "buena energía", y "eso es difícil de enseñar".