México se viste de cempasúchil y velas cada año para honrar a sus muertos, una tradición que se remonta a la época prehispánica y que hoy enfrenta tensiones por el turismo excesivo en lugares emblemáticos como Janitzio, Michoacán.
Las festividades arrancan en octubre y culminan el 1 y 2 de noviembre, fechas en las que, según la creencia, las almas de los seres queridos fallecidos regresan temporalmente a la Tierra para reunirse con sus familias.
El origen exacto de la conmemoración se desconoce, pero sus raíces se vinculan a creencias agrícolas prehispánicas. Tras la conquista española en 1521, se incorporaron tradiciones católicas, dando forma a la celebración actual.
Hoy, desfiles masivos recorren la avenida principal de la Ciudad de México, mientras calles, negocios y mercados se cubren de flores anaranjadas de cempasúchil, que se cree iluminan el camino de los muertos de regreso a la Tierra. El tradicional pan de muerto llena las vitrinas de las panaderías.
Las familias decoran altares en sus hogares y colocan dulces, comida y mezcal como ofrendas junto a fotografías de sus familiares. La noche del 1 de noviembre, se reúnen en los cementerios de todo el país para reencontrarse con sus muertos, tal como lo han hecho sus antepasados durante siglos.
La creciente fama internacional de la tradición y de la capital mexicana, así como la afluencia de turistas a estados como Oaxaca y Michoacán, ha generado tensiones por el turismo excesivo. En la Ciudad de México, muchos habitantes locales se muestran escépticos ante un desfile anual con carrozas decoradas con catrinas, creado para la película de James Bond de 2015 “Spectre” e incorporado después a las celebraciones, aunque antes no formaba parte de la tradición.
En Janitzio, una pequeña isla en un lago del estado central de Michoacán, las celebraciones fueron reconocidas por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008. Este año, las autoridades cerraron el panteón a los turistas por primera vez, después de que el consejo comunitario reportara el colapso de tumbas dañadas, cruces y partes del muro perimetral del cementerio debido a la avalancha de personas.
Solo se permitiría el ingreso a familias locales y a amigos de quienes están enterrados allí.