El impacto que generamos en el medioambiente nunca antes ha sido más importante, incluso si se trata de cambiar la manera en que hemos construido nuestros hogares en la actualidad. Esto es posible gracias a que se han buscado y rescatado técnicas y materiales de construcción más amigables con la naturaleza, como el caso del llamado “superadobe”, un material que abunda en nuestra región y que ya antes culturas como la asentada en Paquimé usaba para edificar sus ciudades.

Sus ventajas no solo significan un gesto positivo hacia prácticas más amigables con la naturaleza, sino que incluso es un proyecto que impacta de manera positiva al bolsillo de los consumidores, pues estos materiales son más económicos y poseen la misma resistencia que los materiales convencionales como el bloque o el acero. Así lo asegura el arquitecto Cosme Fabián Espinoza, catedrático de la UACJ y pionero en Ciudad Juárez en este tipo de proyectos sustentables.

Expertos conocen a estas técnicas de diseño como bioconstrucción, una visionaria manera de construir que se ha convertido en los últimos años en casi una filosofía de respeto al medioambiente, y es que no solo se trata de reducir las huellas de carbono generadas por la industria, que según estimaciones hechas por investigadores del Instituto Tecnológico de Sonora, estos procesos de transformación para poder obtener los materiales necesarios para edificar una casa emiten un 39 por ciento del CO2 emitido a la atmósfera, gas relacionado con el calentamiento global, sino que engloba todo un modelo sostenible basado en estudios de suelo, clima, geografía, botánica, entre otros. Para el arquitecto Cosme, es un modelo que implica necesariamente un cambio de costumbres.

El milenario adobe

Olas de calor con temperaturas más altas y prolongadas, cortes de energía eléctrica por la sobredemanda, desabasto de agua; son solo algunas de las consecuencias con las que tendremos que vivir en los próximos años a causa del cambio climático. De acuerdo con perspectivas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) basadas en estudios científicos en todo el mundo, para 2050 se espera un calentamiento global de entre 1.7 y 2.4 °C con consecuencias poco alentadoras para todo el mundo, especialmente en aquellas regiones como la nuestra, que se asienta en uno de los grandes desiertos del mundo. 

Las temperaturas extremas que se viven en esta frontera incrementan tanto en consumo de energía eléctrica como de agua. La JMAS, descentralizada encargada de suministrar agua en la ciudad, estima que gran parte del desabasto del líquido se debe al encendido de 370 mil aparatos, cada uno gasta en promedio 545 litros por día, unos 22 litros por hora.

El modelo de bioconstrucción con un diseño bioclimático elimina la necesidad al mínimo de este tipo de aparatos gracias al uso de materiales como el adobe, que de acuerdo con el experto Cosme Fabián, es un material muy noble ya que funciona como un retardante térmico, lo que impide que entre el calor o el frio del exterior hacia adentro de la casa. “Por ejemplo, un ladrillo de adobe de 40 x 40 tiene una resistencia de 17 horas”, comenta, algo que se conoce como “factor R”, es decir, la resistencia al paso del calor y del frío.

Se trata de un material milenario usado por las culturas del norte de México y el sur de los Estados Unidos, así como también algunos pueblos árabes asentados en los grandes desiertos del mundo. Un ejemplo de ciudades enteras construidas con este material es Shibam, Yemen, con 500 años de antigüedad.

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Antigua ciudad de Shibam, Yemen, hecha con edificios de tierra cruda.

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Pero no se trata de cualquier adobe, sino que debe ser uno muy especial, hecho con cierto porcentaje de arena, arcilla, limo y materiales fibrosos para poder asegurar su resistencia a la humedad y al peso de la construcción. Este ladrillo compacto debe pasar por varios procesos de pruebas en laboratorios antes de ser colocado en la vivienda, revela el especialista.

Algunas otras ventajas en el uso de este material milenario incluyen también su flexibilidad, lo económico del material, su resistencia al fuego y a la reducción en el consumo de materiales de alto impacto energético, asegura Espinoza.

Manos a la tierra

Han sido tres los proyectos con los que el profesor de la UACJ ha trabajado en esta ciudad: “EcoCasa Bioclimatica de Adobe Anapra”, “Tonantzin Centro de Atención a Mujeres” y el que considera más importante, el “Ecodomo Anapra”.

El primero se trató de una construcción auspiciada por el Centro de Mujeres Tonantzin Madre Petra Peña con el propósito de ayudar a la señora Cristina Álvarez, una casa de interés social con una superficie construida de 63 m2.

Para lograrlo se tuvieron que hacer estudios de suelo, de la trayectoria solar y vientos. “Se busca que las casas en invierno estén orientadas al sur para poder aprovechar al máximo la radiación solar, para eso se diseñó una losa sándwich, que es una creación mía, con un ángulo de 35°, para que en el solsticio de invierno entre la luz por más tiempo por una de las ventanas. En verano la inclinación solar está a prácticamente 82°, por lo que la luz no entra y no calienta”, asevera.

Además, la losa sándwich lleva vigas de madera, triplay de madera y en medio de ellos una capa de mezcla de lodo y paja para que funcione como aislante térmico, lo que imposibilita la entrada de frio o calor desde el techo hacia la casa, así como la pérdida de temperatura desde el interior de la construcción.

A esta obra también se le agregaron baños secos, un estilo de sanitarios que como su nombre lo indica, no usan una sola gota de agua, sino que las heces y la orina se depositan en dos apartados distintos. Las heces se cubren con una capa de aserrín y otros materiales y de acuerdo con el experto, no produce malos olores pues tiene salida de gases hacia el exterior y permite el composteo, que “es la degradación de la materia orgánica con las bacterias naturales”. Una modalidad de baño que, para Cosme, implica un cambio de hábitos que para muchos puede ser difícil, pero que sin duda en una ciudad con poca disponibilidad de agua, cada litro cuenta.

Por otro lado, el “Tonantzin Centro de Atención a Mujeres” tuvo una estructura similar a la casa de doña Mary, pero con más presupuesto, lo que permitió darle acabados más finos y una mayor amplitud. A esta construcción también se le agregaron los baños secos, además de un sistema de recolección de agua de lluvia para aprovecharse en el riego de plantas.

La joya de la corona: Ecodomo de Anapra

Para el arquitecto bioclimático Cosme su proyecto más importante fue el Ecodomo en Anapra, algo que logró gracias a la colaboración con la organización Tierra Savia, que a su vez consiguió recursos por 80 mil pesos para destinarlos a la construcción en apoyo a una familia en Anapra.

El diseño sobresale de entre todas las construcciones cuadradas a las que estamos tan habituados, ya que se trata de una estructura en forma de huevo, una arquitectura inspirada en Nader Khalili, un doctor en arquitectura humanista originario de Irán que fundó en Estados Unidos el CAL-Earth Institute y cuyos diseños de casas para refugiados en Pakistán lo hicieron mundialmente famoso, primero por la asequibilidad, resistencia y rapidez para levantar casas, y luego por sus diseños sacados de cuentos de fantasía.

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Al igual que en los dos proyectos pasados, la construcción requirió de estudios de suelo, vientos, sol, entre otros no menos importantes. Surgió como una manera de ayudar a la familia Romero Díaz, quienes vivían en una casa hecha de pallets de madera en condiciones precarias. La obra comenzó en 2009 y terminó en 2013, durante esos años el proyecto tuvo muchas adecuaciones que en un principio no estaban planeadas, fue una enseñanza basada en el “ensayo y error”, comenta el especialista.

La construcción contó con muchas manos, comenta Cosme, desde estudiantes de la UACJ, miembros de la familia Romero, hasta expresidiarios que ayudaron en 2013 gracias al inicio de Programa de Reinserción Social en convenio con la Fiscalía del Gobierno del Estado de Chihuahua. “Muchos de estos participantes del penal tenían oficios como albañil o plomeros, lo que permitió que la construcción avanzara más rápido”, comenta Espinoza.

Para lograr esta forma de domo se emplearon los llamados “superadobes”, una técnica que consiste en el relleno de costales con tierra que se van colocando en capas de forma ascendente hasta cerrar la parte superior de la estructura, una técnica que requiere precisión matemática cuyo resultado final son estas bellas formas.

El Ecodomo tuvo además otros extras que le dieron una singularidad cuasi artesanal. Un piso y barras de cocina creados con trozos de desechos de losetas, botellas y pedaceros de vidrio convertidos en vistosos vitrales multicolores, instalaciones para el ahorro de agua, un jardín xerófito, un muro verde construido con llantas y hasta una planta de tratamiento de aguas grises implementado por alumnos de la UACJ.

Para las inclemencias del invierno fronterizo se instaló un muro Trombe, un sistema de calefacción que permite el efecto invernadero e ingresa aire caliente a la casa al mismo tiempo que expulsa el aire frío. Esto se logra gracias a que los rayos del sol ingresan por una membrana transparente como plástico o vidrio, pero el calor no escapa, lo que permite que el aire caliente quede atrapado en una cámara pintada de calor oscuro y sea trasportado al interior de la casa lo que reduce el uso del calentón eléctrico o de gas.

Para el verano, en las paredes se aplicó un impermeabilizante hecho con nopal, cal y sal. Además, en la parte superior se construyeron captadores de viento, inspirados también en los diseños árabes, para poder capturar aire fresco y circularlo por toda la casa.

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Una opción viable

Para el arquitecto Cosme las oportunidades de poder usar este tipo de construcción de manera masiva y además con costos más económicos es completamente viable, primero por la disponibilidad de material en esta frontera, ya que el área conocida como Laguna de Patos cuenta con al menos 14- 18 metros de arcilla con altos niveles de permeabilidad, lo que resulta ser un excelente material.

A esto se suma la posibilidad de autoconstrucción, ya que un proyecto como el de la señora Cristina, de interés social y de 63 m2, tiene un costo aproximado de 300 mil pesos, asegura el experto. Además, la posibilidad de hacerlas en masa es viable, pues el arquitecto revela que instituciones como el Consejo Estatal de la Vivienda (Coesvi) ya le han pedido información para poder llevar a cabo este tipo de construcciones con block de tierra compreso.

Para el Infonavit este tipo de construcciones puede ser una opción más a través del uso de su crédito, aunque deben de pasar primero por una serie de pruebas de calidad para poder aprobarse.

“Si se pueden aprobar construcciones con materiales distintos a los convencionales. Cuando se registra la vivienda debe llevar memoria de cálculo y mecánicas de los laboratorios de los productos que se van a utilizar (…) para que se cumplan con las normas de capacidad de carga y duración”, revela Mario Ochoa, gerente técnico de validación en Infonavit.

A eso se suma que el constructor debe tener registro en la plataforma del Infonavit, donde se carga la documentación para que sea validada, para demostrar que la duración del material sea de al menos 30 años.

El futuro más cercano

Este modelo de construcción, además de ser barato, dejar una huella de carbono mucho menor que los materiales convencionales, tener diseños muy atractivos y aprovechar al máximo las características del medio que la rodea, también podría ser una solución ingeniosa que valdría analizar con seriedad para aplicarse en colonias fronterizas donde existe la necesidad de vivienda de bajo costo y con sistemas ecotecnológicos que permiten el ahorro de energía y agua.

Las soluciones a necesidades urgentes están en la mesa, solo falta la disposición de aplicarlas y comenzar a trasformar la manera en que nos relacionamos con el medio, cambiar el paradigma.

La bioconstrucción sin duda tendrá una mayor relevancia como una respuesta de adaptación a una nueva realidad con un clima más caliente. Conviene pues mirar al pasado y reaprender de los pueblos asentados en estos desiertos por miles de años para saber convivir mejor con el entorno de estos desiertos.