Comer en compañía puede ser mucho más que un gesto social: diversas investigaciones internacionales vinculan esta práctica con mayor bienestar emocional, mejor nutrición y menor riesgo de ciertos problemas de salud, especialmente en adolescentes y adultos mayores. Los hallazgos provienen de estudios realizados en Reino Unido, Australia, China y Canadá, entre otros países.

Un estudio de la Universidad de Oxford, dirigido por el psicólogo Robin Dunbar a partir de una encuesta nacional en el Reino Unido, encontró que las personas que comen con otros con más frecuencia tienden a sentirse más felices y satisfechas con su vida. El análisis sugiere que la relación es de la comida compartida hacia el bienestar, y no al revés.

Dunbar plantea que compartir la mesa activa el sistema de endorfinas del cerebro, sustancias asociadas con el bienestar, aunque el propio investigador reconoce que no se sabe con certeza por qué ocurre. Un dato revelador: el adulto promedio come solo 10 de sus 21 comidas semanales.

Impacto en adultos mayores

Una revisión sistemática de la Universidad de Flinders, en Australia, publicada en la revista Appetite, analizó 20 estudios con más de 80 mil adultos mayores de 12 países. Quienes comían solos con frecuencia tenían una dieta menos variada, consumían menos fruta, verdura y carne, y presentaban más riesgo de perder peso y de fragilidad.

En cuanto al estado de ánimo, una investigación con más de 21 mil adultos de mediana edad y mayores en China, publicada en 2024, encontró que comer solo se asociaba con más riesgo de síntomas depresivos. El riesgo también aumentaba cuando una persona dejaba de comer acompañada y comenzaba a hacerlo sola.

Beneficios en adolescentes

Un estudio de la Universidad McGill, en Canadá, con más de 26 mil jóvenes de 11 a 15 años, mostró que cenar en familia con más frecuencia se relacionaba con menos problemas emocionales y de conducta, y con mayor bienestar y satisfacción con la vida. El efecto se observó sin importar el sexo, la edad o los ingresos de la familia.

Otro trabajo de la Universidad de Minnesota halló que los adolescentes que comían seguido en familia tendían a consumir más frutas y verduras años después. Sin embargo, la mayoría de estos estudios son observacionales: muestran que dos cosas se dan juntas, no que una cause la otra.

No todo el que come solo está mal: a algunas personas les gusta, y los mismos investigadores de salud en adultos mayores advierten que no hay que generalizar. Una cena con el celular en la mano o llena de tensión no ofrece los mismos beneficios que una conversación relajada. "Al final, lo más valioso de la mesa puede no estar en el plato, sino en quien se sienta enfrente".