Ciudad Juárez.- Al poniente de la ciudad, en las faldas de la Sierra de Juárez, se han asentado diferentes colonias, una de ellas es la Pánfilo Natera, en la que cientos de familias viven en condiciones de pobreza y cuya seguridad alimentaria no está garantizada. Es ahí donde desde hace casi 30 años opera el comedor comunitario “Familias Sin Hambre”, que brinda un espacio de apoyo a las infancias, adolescencias y sus familias. 

Minerva Calvillo, una mujer dedicada a su trabajo comunitario y de servicio espiritual, perteneciente a la congregación del templo pentecostés “La Paz”, compartió en entrevista para NetNoticias cómo su vida quedó marcada para hoy en día dirigir uno de los espacios con más tiempo al servicio de las familias fronterizas en condición de vulnerabilidad.

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Comedor Familias sin Hambre. Foto: Denise Ahumada

 

Originaria de una pequeña localidad en el estado de Coahuila, quedó huérfana de padre a los 11 años, por lo que siendo la hermana mayor tuvo que ayudar desde casa a su madre para trabajar y cuidar a sus cinco hermanos pequeños. Por lo que ahora ve como una bendición y una oportunidad satisfactoria el poder brindarle un plato de comida caliente y servirles hasta saciar el apetito de los pequeños que habitan en la Pánfilo Natera y sus alrededores que acuden al comedor. 

“Aquí ha aumentado (el número de necesitados), ahorita ya hay jacalitos donde antes era un basurero, de ahí es de donde bajan nuestros niños, son las familias que se han venido a vivir a esta colonia. Tenemos niños en el comedor con necesidad, porque son hijos de padres drogadictos y, aun así, sus padres a veces los acompañan aquí a comer. Los padres viviendo su mundo y los niños padeciendo”, explicó acerca de los usuarios que acuden.

Luego de haber iniciado con hasta 200 personas beneficiadas en 1997, gracias a bienhechores originarios de Canadá, que por aproximadamente siete años donaron para servir comida al menos una vez por semana, el comedor pausó tres años al dejar de tener aportaciones fijas, sin embargo, ante la necesidad de los niños y niñas que continuaban acudiendo al templo a buscar comida, se reactivó el servicio con las aportaciones de los fieles de dicho centro religioso.

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Preparación de la comida para familias en inseguridad alimenticia. Foto: Denise Ahumada

 

Cubrir los gastos no es fácil, sin embargo, se logran servir aproximadamente 65 platillos diarios, tanto para niños, niñas, adultos mayores, personas con discapacidad y algunos usuarios de drogas con necesidad, por lo que la capacidad con la que actualmente cuenta Familias Sin Hambre es para abrir sus puertas dos veces por semana, los días martes y jueves de 10:00 de la mañana 2:00 de la tarde, brindando comida caliente, pero también acompañamiento comunitario y espiritual. 

“Tenemos niños abandonados por sus padres y criados con los abuelos, el compromiso permanente es con los niños. Les enseñamos nosotros que no están solos (…), ese es el propósito de este comedor, que el niño sepa que no está solo. Enseñarles que, si algo les está pasando, también pueden contar con nosotros”, compartió la señora Minerva. 

Los retos son grandes, debido a que en algunas ocasiones han recibido aportaciones, como de la Central de Abastos, pero el hecho invertir en combustible para recorrer kilómetros por solo una caja de tomates no costeaba para el proyecto; de igual forma con lo que sobraba de las cocinas de empresas maquiladoras, que llegaron incluso a darles solo caldo. Por lo que renunciaron a esas donaciones. Ahora compran o reciben donaciones de lo que se necesita, teniendo entre los básicos para servir platos completos:
-    Arroz
-    Frijol
-    Aceite
-    Carne
-    Proteína de soja deshidratada
-    Papas 
-    Tortillas
-    Chile 
-    Cebolla

Al haber formado una asociación hace 12 años, esperan poder constituirse como receptores de donaciones, debido a que los gastos son cubiertos por los encargados del templo y bienhechores que apoyan tanto con aportaciones económicas, en especie y con tiempo de voluntariado, y con fe se encomiendan porque “Dios proveerá”, pero aun más evocando el versículo de Mateo: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber”

“Ahorita la situación es bien difícil, a veces parece que sí queremos y podremos para abrir otro día más, pero con esto que aumentan la canasta básica nos hemos quedado ahí”, lamentó Minerva.

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Foto: Denise Ahumada

 

Pobreza y hambre en cifras

A diferencia de la percepción en dicho sector de la frontera, el análisis del  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) sobre los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) recabados por la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) en su versión más reciente (2022), revelan que entre 2018 y 2022, el porcentaje de la población en situación de pobreza multidimensional nivel nacional bajó cinco puntos porcentuales, pasando de 41.9 por ciento a 36.3 por ciento (51.9 a 46.8 millones) en dos años.
                                                                 
Lo que quiere decir que, en el año 2022, 36 de cada 100 personas en México presentaban al menos una privación en sus derechos sociales y tenían un ingreso mensual por persona insuficiente para adquirir una canasta alimentaria, así como bienes y servicios necesarios.

Respecto al porcentaje de la población en situación de pobreza extrema, el Coneval presenta en el citado informe que los niveles permanecieron similares en el mismo periodo evaluado: pasando de 7.0 por ciento en 2018 a 7.1 por ciento en 2022. Lo que corresponde a que el número personas en pobreza extrema pasó de 8.7 a 9.1 millones de personas entre 2018 y 2022.

El porcentaje de la población con un ingreso inferior a la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos (valor monetario de la canasta alimentaria) presentó un cambio de 1.8 millones menos, quedando en 15.5 millones de personas que no tienen el ingreso suficiente para adquirir los productos de la canasta alimentaria en México. El análisis del Coneval establece el valor monetario de referencia para la Línea de Pobreza Extrema por Ingreso por persona al mes en 2 mil 086.21 pesos y mil 600.18 pesos en zonas urbanas y rurales, respectivamente.

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Foto: Denise Ahumada

Banco de Alimentos

A nivel local existe una iniciativa que se constituyó en 2019 como una asociación civil sin fines de lucro, el Banco de Alimentos, cuyo trabajo se realiza a través del rescate, selección y distribución de alimentos; las aportaciones que tiene el banco es a través de donativos, siendo un proyecto con apoyo de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (Fechac), sin embargo, las necesidades son muchas, por lo que también gestiona aportaciones de supermercados, microempresas, cámaras empresariales y las industrias.

De acuerdo con información proporcionada por el área de comunicación social de este proyecto, toman como referencia el panorama local plasmado en el informe "Pobreza en Juárez 2022" realizado por la asociación civil Plan Estratégico de Juárez, en la cual se contabiliza más de 187 mil juarenses que se encuentran en situación de inseguridad alimentaria. 

“Tomando en cuenta que son más de 187 mil juarenses en carencia alimentaria, hasta la fecha atendemos mensualmente 23 mil 702 personas, entre niñas, niños, jóvenes y adultos, o sea que estamos llegando a menos del 20 por ciento de la población por atender”, reveló el Banco de Alimentos. 

Más allá del hambre

Una ciudad fronteriza con más de un millón y medio de habitantes según el Censo de Población y Vivienda (2020) del Inegi, y con una dinámica social en constante cambio, cuenta con necesidades diversas dependiendo del sector al que se haga referencia, pero en el caso del oriente y suroriente, el hambre vuelve a ser una condición de vulnerabilidad, que se complica por el entorno que atrae a los jóvenes a prácticas ilegales y dañinas, como el uso de drogas, así como el involucrarse con pandillas o el crimen organizado.

Así lo señaló Arturo Navarrete, director del comedor comunitario “Una Pancita Más sin Hambre”, en la colonia Manuel Valdez, en la calle Felipe Ángeles y Duraznos, donde abrió sus puertas en abril de 2012, brindando platos de comida caliente que, debido al contexto y necesidades de sus usuarios, ha diversificado sus servicios. 

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Comedor comunitario Una pancita más sin hambre. Foto: Denise Ahumada

 

“Nosotros como comedor, en el año 2012, ubicamos el alimentar a los niños como una necesidad, a través de los años los alimentos no es la prioridad, sino el apoyo psicológico, educativo, hacia los niños y jóvenes. Una Pancita Más sin Hambre frece alimentos a grupos pequeños de hasta cinco niños (antes eran más de 120), tenemos servicios como psicólogos, abogados, enfermeros, apoyamos de diferentes maneras, como pláticas sobre drogas, espacios libres de violencia, asesorías a los muchachos. Incluso clases de inglés los domingos”, afirmó Navarrete. 

Al día, el número de usuarios ronda los 30 niños, niñas y adolescentes, sin embargo, las fechas especiales como el día del niño o las posadas, tienen una mayor afluencia de hasta 350 infancias y juventudes. 

“El servicio lo tenemos en la colonia, pero abarcamos mucha parte de Ciudad Juárez, nos puede hablar una persona de Anapra, Riveras, Salvarcar, solicitando algún tipo de apoyo como una silla de ruedas, muletas, bota ortopédica, citas con el fisioterapeuta o la psicóloga, nosotros tratamos de ayudar a toda persona que nos pida y tengamos la facilidad de brindarles servicio”, manifestó Navarrete comprometido con la población juarense, junto con sus colaboradores voluntarios. 

Iniciativas gubernamentales

Desde el sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) del Municipio de Juárez existe también un servicio instalado en zonas de necesidad, que brindan un plato de comida caliente al día a niños y niñas usuarios de los Centros de Atención Social y Educativo para las Familias (Casef) Sevilla, Zapata y Sur Oriente.

Mientas que además ofrece servicio de comedores comunitarios en las colonias El Barreal, Siglo XIX y La Montada, donde los solicitantes del servicio se registran diariamente al momento de llegar y se les sirven sus alimentos, con una porción de comida y algo de beber. 

Los cinco espacios operan de lunes a viernes de 10:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, y que en conjunto atienden a un aproximado de 750 beneficiarios de forma gratuita o con una aportación simbólica.

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Denise Ahumada