¿Cuántas veces has desechado un alimento solo porque la fecha en el empaque ya pasó? Esa reacción automática, aunque comprensible, ignora una distinción clave que los organismos de seguridad alimentaria llevan años tratando de comunicar: no todas las fechas impresas significan lo mismo.
Mientras la fecha de caducidad sí marca un límite de seguridad, la de consumo preferente es apenas una guía de calidad, no un semáforo de riesgo.
La fecha de caducidad está reservada para productos muy perecederos, como carnes, pescados frescos o lácteos delicados. En esos casos, pasarse de la fecha sí puede implicar un peligro real por la proliferación de bacterias dañinas.
"La fecha de caducidad aplica a alimentos muy perecederos, como carnes, pescados frescos o productos lácteos delicados, y ahí sí hay riesgo real de bacterias dañinas si se consume después", advierten los especialistas.
En cambio, la fecha de consumo preferente solo indica hasta cuándo el producto conserva sus atributos ideales de sabor, textura o color.
"La fecha de consumo preferente, en cambio, solo indica el momento en que el alimento mantiene su mejor calidad en sabor, textura o color, pero no un límite de seguridad", explican. Por eso, "comer un producto después de esa fecha es seguro, aunque haya perdido algunas de sus características originales".
Alimentos que aguantan más allá de la etiqueta
Hay una lista de productos que, si el empaque permanece cerrado y no hay señales de deterioro, pueden consumirse sin mayor preocupación. "Siempre y cuando el empaque no esté abierto y el producto no muestre señales de deterioro, esta lista es de las más seguras para seguir consumiendo", aseguran. Entre ellos destacan pastas, arroces y legumbres secas, cuya baja humedad impide que se echen a perder.
También entran en este grupo las galletas, el pan de caja y las frituras, que quizá pierdan crocancia pero no representan riesgo. Los frutos secos solo cambian de sabor con el tiempo. Los embutidos y quesos curados resisten más gracias a su proceso de curación, y las conservas y enlatados son seguros mientras la lata no esté hinchada, oxidada o abollada.
La miel prácticamente no caduca por su bajísimo contenido de agua. Las salsas como cátsup, mostaza o soya tienen acidez que actúa como conservador natural. Las mermeladas sin abrir aguantan hasta seis meses después de la fecha, y la mayonesa sin abrir tiene un pH bajo que dificulta el crecimiento de bacterias. Refrescos y bebidas alcohólicas son casi indestructibles con el tiempo.
El yogur sin abrir, contrario a lo que mucha gente cree, no tiene fecha de caducidad real, sino de consumo preferente. Puede aguantar hasta dos semanas después sin riesgo, aunque quizá se note más ácido o con el suero separado.
Los que prácticamente nunca caducan
Existe un grupo de alimentos secos que, bien sellados y en lugar fresco, se mantienen seguros durante muchísimo tiempo más allá de la fecha impresa. "Los que prácticamente nunca caducan", se les llama. Las especias no representan riesgo de salud, solo pierden aroma y potencia. La harina se conserva bien mientras esté seca y sellada, y el café es prácticamente indestructible por su bajo contenido de agua.
Los congelados se conservan bien hasta 12 meses (9 meses para carne molida) si se mantienen a -18°C sin interrupciones en la cadena de frío. Lo peor que puede pasar es que aparezcan quemaduras de congelador que afecten el sabor, no la seguridad.
Productos que exigen más cuidado
No todo lo que lleva la leyenda de consumo preferente merece la misma confianza. "Estos sí piden más cuidado, aunque digan 'consumo preferente'", advierten. Los huevos, por ejemplo, deben respetar la fecha del empaque, sobre todo si se van a comer crudos o poco cocidos. La leche pasteurizada puede aguantar unos días después de la fecha si no se rompió la cadena de frío, pero la leche UHT sin abrir aguanta semanas o meses más.
Las salchichas de Frankfurt tienen riesgo real de Listeria, una bacteria que puede crecer incluso dentro del refrigerador. Por eso se recomienda recalentarlas bien antes de comerlas y no arriesgarse con el paquete ya pasado de fecha. Los quesos frescos, como panela o cottage, son altamente perecederos y se deterioran rápido, así que no vale confiarse solo en el olfato.
Antes de tirar cualquier producto vencido, la recomendación de los especialistas sigue siendo la misma: revisa el aspecto, huele y, si todo parece normal, prueba una pequeña cantidad. Pero en los alimentos de mayor riesgo, como carnes, lácteos frescos, huevos crudos y platillos preparados, ningún truco casero sustituye a la fecha del empaque: ahí es mejor no arriesgarse.