Chihuahua.- La caída de la natalidad en México podría convertirse en un factor de riesgo para la atracción de inversión extranjera directa, debido a sus posibles efectos sobre la disponibilidad de mano de obra y las perspectivas de crecimiento económico a largo plazo, advirtió el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), Grupo Chihuahua.
Durante su rueda de prensa mensual, el presidente del organismo, Gonzalo Aguilera, señaló que la tasa de fecundidad en el país se ubica en 1.3 hijos por mujer, por debajo de los 2.1 necesarios para mantener el reemplazo poblacional. Esta tendencia podría adelantar el inicio de la disminución demográfica de 2060 a 2045.
El directivo explicó que la evolución de la población es uno de los factores que las empresas consideran al decidir dónde establecer sus operaciones, particularmente cuando se trata de proyectos que requieren periodos prolongados para recuperar el capital invertido.
“Una empresa que invierte hoy espera ver retorno significativo para el 2046 y espera al menos estar tablas, como le podríamos decir coloquialmente, en la inversión que se hace en el año 2036”, expuso.
Aguilera precisó que el dato de natalidad no constituye por sí mismo una medición de la inversión extranjera, pero permite identificar un factor demográfico que podría influir en las decisiones de las compañías que evalúan instalarse en México.
El tema adquiere especial relevancia para Chihuahua, entidad que el representante del IMEF identificó como el principal estado exportador del país y cuya actividad económica mantiene una estrecha relación con la llegada de capital extranjero.
Aunque la información presentada no desglosa la tasa de fecundidad por entidad federativa, el organismo consideró necesario analizar la situación demográfica del estado para determinar sus posibles efectos sobre la capacidad de atraer nuevas inversiones.
Menos nacimientos, un desafío económico
El IMEF sostuvo que la disminución de la natalidad responde a múltiples factores y que revertirla requiere analizar las condiciones económicas, laborales y sociales que influyen en las decisiones de las familias.
Entre los elementos mencionados durante la conferencia estuvieron la edad a la que las personas forman una familia, las condiciones de fertilidad y las responsabilidades laborales, además de los costos asociados con la vivienda y la crianza.
Los representantes del organismo también plantearon que las empresas podrían contribuir a generar condiciones que permitan conciliar la actividad laboral con la vida familiar, particularmente ante la participación de las mujeres en el mercado de trabajo.
La discusión, señalaron, debe considerar tanto las necesidades del sector productivo como las condiciones que permitan sostener la población económicamente activa a largo plazo.
El envejecimiento demográfico también representa un desafío para las finanzas públicas, debido a las presiones que puede generar sobre los sistemas de pensiones y el gasto social, en un contexto en el que el organismo observa un crecimiento de estas obligaciones por encima del aumento de los ingresos públicos.
Ante este panorama, el IMEF consideró necesario abordar el cambio demográfico como un asunto de política económica a largo plazo, debido a sus posibles repercusiones sobre la inversión, el mercado laboral y la sostenibilidad de las finanzas públicas.