Muchos consejos para cuidar un automóvil se han transmitido durante generaciones, pero la tecnología de los vehículos ha cambiado y algunas de esas recomendaciones ya no son necesarias e incluso pueden provocar gastos innecesarios.

Los autos actuales utilizan sistemas de inyección electrónica, computadoras, sensores, transmisiones más eficientes y componentes diseñados para trabajar bajo parámetros específicos. Por ello, antes de seguir cualquier consejo heredado, la mejor referencia sigue siendo el manual del propietario.

Estos son algunos de los mitos más comunes que conviene dejar atrás.

1. La gasolina Premium no hace más potente a cualquier auto

Pagar más por gasolina no significa automáticamente obtener mayor potencia.

El combustible de mayor octanaje está diseñado para resistir mejor la detonación y resulta especialmente importante en motores que requieren o recomiendan ese tipo de combustible, como algunos vehículos turbocargados o de alta compresión.

Si el fabricante indica que el automóvil funciona correctamente con gasolina regular, utilizar Premium generalmente no producirá una mejora significativa en el desempeño.

La recomendación más sencilla es revisar qué octanaje especifica el fabricante y utilizarlo.

2. Ya no es necesario dejar el motor calentando durante varios minutos

Dejar el automóvil encendido durante cinco o diez minutos antes de comenzar a conducir era mucho más común cuando los vehículos utilizaban carburadores.

Los motores modernos cuentan con sistemas electrónicos de inyección que ajustan automáticamente la mezcla de aire y combustible. Por ello, en condiciones normales, basta con esperar unos segundos y comenzar a circular con suavidad, sin exigir demasiado al motor mientras alcanza su temperatura de funcionamiento.

Además, mantener el vehículo encendido mientras permanece estacionado significa consumir combustible sin avanzar.

En condiciones de frío extremo o cuando es necesario desempañar el parabrisas pueden existir excepciones, por lo que nuevamente conviene seguir las indicaciones del fabricante.

3. Un automóvil automático no necesariamente consume más gasolina

Durante décadas, las transmisiones manuales tuvieron ventajas importantes en consumo frente a las automáticas.

Sin embargo, las cajas modernas incorporan más velocidades, convertidores de par con bloqueo, sistemas de doble embrague y transmisiones continuamente variables, entre otras tecnologías.

Como resultado, algunos vehículos automáticos actuales pueden igualar o incluso superar en eficiencia a sus versiones manuales.

Por eso, ya no es correcto asumir que un auto manual necesariamente gastará menos combustible. La comparación debe hacerse entre modelos específicos.

4. Que un auto tenga más lámina no significa que sea más seguro

Otro mito muy extendido sostiene que los automóviles antiguos eran más resistentes porque tenían carrocerías más pesadas y se deformaban menos.

En realidad, los vehículos modernos están diseñados para que determinadas partes de la estructura se deformen durante un choque y absorban parte de la energía del impacto.

Mientras algunas zonas están destinadas a colapsar, la cabina busca conservar un espacio de supervivencia para los ocupantes.

A esto se suman cinturones de seguridad modernos, bolsas de aire, estructuras reforzadas y sistemas electrónicos capaces de prevenir o reducir la gravedad de determinados accidentes.

La apariencia de un automóvil puede ser engañosa: que una carrocería vieja parezca más sólida no significa que proteja mejor a quienes viajan dentro.

5. El aceite no necesariamente debe cambiarse cada 5 mil kilómetros

La recomendación de cambiar el aceite cada 3 mil millas —unos 4 mil 800 kilómetros— quedó grabada en la cultura automotriz durante décadas.

Sin embargo, muchos vehículos modernos tienen intervalos de mantenimiento considerablemente mayores, especialmente cuando utilizan aceites sintéticos.

El intervalo correcto depende del modelo, el tipo de aceite y las condiciones de uso. Viajes cortos frecuentes, tráfico intenso, temperaturas extremas, remolque de cargas o condiciones consideradas severas pueden modificarlo.

Cambiar el aceite antes de tiempo normalmente no representa un problema para el motor, pero sí puede significar un gasto innecesario.

La mejor referencia es el manual del vehículo o el sistema electrónico que indica la vida útil del lubricante, cuando el automóvil cuenta con él.

6. La presión máxima de la llanta no es la presión recomendada

Uno de los errores más comunes consiste en observar el número grabado en el costado del neumático y utilizarlo como referencia para inflarlo.

Ese número corresponde a la presión máxima que puede soportar la llanta, no necesariamente a la presión recomendada para el vehículo.

La presión correcta suele aparecer en una etiqueta ubicada en el marco de la puerta del conductor o en el manual.

Utilizar una presión incorrecta puede afectar el comportamiento del automóvil, el desgaste de los neumáticos y el consumo de combustible.

Además, la presión debe comprobarse preferentemente cuando las llantas están frías.

7. Dejar el auto encendido durante mucho tiempo no ahorra gasolina

También es común escuchar que apagar y volver a encender el vehículo consume más combustible que mantenerlo encendido.

En los automóviles modernos, esa afirmación ha perdido buena parte de su sentido.

Los sistemas de inyección electrónica y arranque actuales permiten volver a encender el motor utilizando relativamente poco combustible. De hecho, muchos vehículos cuentan con sistemas start-stop, que apagan automáticamente el motor cuando el automóvil se detiene y lo encienden nuevamente cuando es necesario avanzar.

Eso no significa que sea necesario apagar el vehículo durante cada parada de unos cuantos segundos, pero mantenerlo encendido durante varios minutos mientras está estacionado sí representa un consumo innecesario.

El mejor consejo sigue siendo revisar el manual

Gasolina Premium, cambios de aceite demasiado frecuentes, presión incorrecta de los neumáticos o largos periodos con el motor encendido tienen algo en común: pueden parecer formas de “cuidar más” el automóvil, pero no necesariamente son las adecuadas.

La tecnología automotriz ha avanzado considerablemente y muchas recomendaciones que tenían sentido hace 30 o 40 años ya no corresponden a los vehículos actuales.

Por eso, antes de gastar más dinero en combustible, mantenimiento o componentes, hay una regla mucho menos emocionante, pero bastante más confiable: revisar el manual del automóvil y seguir las especificaciones del fabricante.