Ciudad de México.- Martín Alfonso Ibarra, productor de Sonora, alista 16 terneros para exportarlos a Estados Unidos cuando se reanude el flujo comercial el 24 de agosto por el cruce Agua Prieta-Douglas. La reactivación llega después de que Washington levantara la prohibición impuesta para frenar la plaga del gusano barrenador, aunque la amenaza sanitaria persiste en ambos lados de la frontera.
El gusano barrenador, larva de la mosca Cochliomyia hominivorax, se alimenta del tejido vivo de animales de sangre caliente, incluidos los humanos. Desde su detección en México en noviembre de 2024, la plaga se ha extendido a 30 de los 32 estados y acumula 1.969 casos activos, menos de la mitad que hace un año. Sin embargo, Texas y Nuevo México ya registran contagios desde hace dos meses.
Ibarra, de 58 años, enfrentó una caída del 40 por ciento en sus ingresos por el cierre de la frontera. “Todavía no se acaba la película”, dijo, consciente de que hubo tres suspensiones entre noviembre de 2024 y julio de 2025. Para él, la reapertura no garantiza estabilidad.
Reapertura con controles estrictos
Estados Unidos impuso nuevos protocolos que ralentizarán el ingreso del ganado mexicano. En la primera semana se permitirán 700 reses diarias, 900 en la segunda y hasta 1.300 de forma progresiva, según Arturo Ruiz, responsable de sanidad animal de Sonora. Los animales deberán portar identificadores con radiofrecuencia, pasar por arcos detectores y ser revisados por perros entrenados del USDA.
Juan Carlos Ochoa, presidente de la Unión Ganadera Regional de Sonora, criticó la lentitud del proceso. “Es un momento complicado donde necesitamos que la autoridad deje de pensar más políticamente y piense más técnica y razonablemente”, afirmó, y pidió mayor flujo de ganado para recuperar el mercado.
Impacto en ambos lados
El hato estadounidense ronda las 86 millones de cabezas, el nivel más bajo en 75 años, con un déficit de 1,2 millones. Juan Carlos Anaya, director de Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, explicó que los productores estadounidenses no cubrieron la demanda, lo que provocó el cierre de plantas procesadoras y afectó granjas engordadoras.
Antes del veto, México exportaba anualmente 1,2 millones de cabezas, principalmente de Chihuahua, Sonora, Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León, Baja California y Durango. Al suspenderse la exportación, los ganaderos vendieron en el mercado interno a precios casi 40 por ciento menores, lo que obligó a reducir el hato y ajustar gastos. Aun así, el precio de la carne subió 4.58 por ciento en 12 meses por la relación con el mercado estadounidense.
En Hermosillo, Ibarra sonríe ante una ráfaga de viento y espera concretar la venta de sus terneros en octubre. “Tampoco hay que echar las campanas al vuelo”, advirtió, sin hacerse ilusiones hasta que el dinero esté en sus manos.