Los amigos que parecían inseparables durante la preparatoria pueden terminar alejándose con el paso de los años, incluso sin una pelea o un conflicto de por medio. La psicología, la sociología y la neurociencia señalan que este distanciamiento responde a cambios naturales en el cerebro, las prioridades y las circunstancias de la vida adulta.
Durante la adolescencia, la amistad desempeña un papel importante en la construcción de la identidad y la autoestima. La convivencia diaria en la escuela, el tiempo libre y la ausencia de grandes responsabilidades facilitan que los vínculos se formen y se mantengan casi sin esfuerzo.
Sin embargo, al llegar a la adultez desaparece buena parte de ese entorno que mantenía unidas a las personas.
El trabajo, las mudanzas, la pareja, los hijos, las responsabilidades económicas y otros cambios personales hacen que disminuyan las oportunidades para convivir con quienes antes formaban parte de la rutina diaria.
Ya no tenemos la escuela que nos juntaba
Uno de los factores más importantes es precisamente la pérdida de los espacios que obligaban a convivir.
Durante la preparatoria, ver a los mismos compañeros todos los días hacía que mantener una amistad fuera sencillo. En la vida adulta, en cambio, cada persona desarrolla horarios, responsabilidades y círculos sociales diferentes.
A esto se suma que la neurociencia ha identificado cambios relacionados con la sociabilidad conforme avanza la edad. La conectividad funcional del cerebro también evoluciona y puede influir en una mayor selectividad al momento de establecer y mantener relaciones.
Los psicólogos también han descrito el llamado efecto de positividad, mediante el cual las personas tienden a buscar mayor armonía emocional y a reducir la importancia de los conflictos conforme envejecen.
De tener muchos amigos a elegir mejor
La adultez también modifica la manera en que se entiende la amistad.
Mientras durante la adolescencia puede existir interés por pertenecer a grupos grandes y mantener numerosos vínculos, con los años suele cobrar mayor importancia la calidad de las relaciones.
Algunos especialistas incluso señalan que contar con alrededor de cuatro amigos cercanos puede ser suficiente para mantener un adecuado bienestar psicológico y emocional. Tener cientos de contactos no necesariamente significa contar con una red de apoyo sólida.
Lo que importa es la profundidad, reciprocidad y confianza que exista en esos vínculos.
No hace falta verse cada semana
El distanciamiento físico tampoco significa necesariamente que una amistad haya terminado.
Una revisión de estudios publicada en Frontiers in Psychology encontró que pequeños gestos cotidianos, como enviar un mensaje o realizar una llamada ocasional, pueden contribuir a fortalecer las relaciones incluso cuando los encuentros presenciales son poco frecuentes.
En ese sentido, mantener una amistad durante la adultez requiere menos presencia constante y más intención.
Un mensaje de "¿cómo andas?" puede hacer más por una amistad que tres años de reaccionar con un emoji a sus historias.
Además, mantener una red social activa se ha relacionado con beneficios para la salud física, cognitiva y psicológica, especialmente durante la edad adulta y la vejez.
Por ello, perder contacto con los amigos de la preparatoria no necesariamente significa que la amistad haya fracasado.
En muchos casos, simplemente refleja que las personas cambiaron, sus circunstancias son diferentes y aquella relación cumplió una función importante en una etapa determinada de sus vidas.
La clave no está necesariamente en recuperar el grupo de amigos de los 17 años, sino en cuidar aquellos vínculos que todavía tienen un lugar en la vida actual.