El próximo domingo, Inglaterra se medirá a México en los octavos de final del Mundial en el Estadio Azteca, un escenario que revive fantasmas del pasado y plantea un desafío físico extremo. La altitud de casi 2,300 metros sobre el nivel del mar y el recuerdo de la eliminación en 1986 ante Argentina, con dos goles legendarios de Diego Maradona, marcan la previa del duelo.
El coloso mexicano fue testigo del gol con la mano conocido como la “Mano de Dios” y de aquel tanto considerado el mejor en la historia de los mundiales, ambos anotados por Maradona en los cuartos de final de hace 40 años. Aquella tarde, Argentina eliminó a Inglaterra por 2-1 y dejó una herida que el técnico Thomas Tuchel quiere cerrar.
“Lo recuperaremos. Es karma. El karma volverá para nosotros. Le daremos la vuelta”, afirmó el estratega alemán, convencido de que el destino favorecerá a los ingleses cuatro décadas después. Su equipo llega tras remontar en dieciseisavos de final ante Congo, donde ganó 2-1 después de un inicio adverso.
Más allá de la carga emocional, la altitud representa un obstáculo tangible. El Estadio Azteca se ubica a casi 2,300 metros sobre el nivel del mar, una condición que reduce la presión atmosférica y la disponibilidad de oxígeno. Los especialistas recomiendan al menos dos semanas de aclimatación para rendir sin fatiga, pero Inglaterra apenas volará desde su base en Kansas City este viernes.
“Según tengo entendido, no podemos adaptarnos a la altitud. Ésa es una enorme ventaja que tendrá México. Simplemente lleva demasiado tiempo”, reconoció Tuchel. La falta de tiempo juega en contra de los europeos, mientras que el Tri está invicto en 10 partidos mundialistas disputados en su estadio a lo largo de tres torneos.
Ante este panorama, las pausas de hidratación podrían convertirse en un recurso táctico. Tuchel ya las usó para cambiar el rumbo del encuentro frente a Congo. “Las aprovecho al máximo. Sabes que en realidad no me encantan, disfruto más el futbol cuando se desarrolla con inercia... pero, por supuesto, están aquí y ¿por qué no iba a intentar sacarles provecho?”, declaró.
Inglaterra realizó un campamento previo en Florida para aclimatarse a las altas temperaturas del torneo en Estados Unidos, pero ahora enfrenta un desafío distinto. El partido en el Azteca no solo definirá un boleto a cuartos de final, sino que pondrá a prueba la capacidad de los ingleses para superar la historia y las leyes de la fisiología.