Ciudad Juárez.- En el cruce de la avenida Manuel Gómez Morín y la calle Valle de Areco, el sonido de un organillo interrumpe la rutina del tráfico. Los organilleros llegan a Ciudad Juárez por temporadas para compartir una tradición que ha encontrado en las calles uno de sus principales escenarios.

Rafael y Estela, originarios del Estado de México, viajan por Chihuahua, Monterrey, Guadalajara, Sonora, Ciudad Juárez y otros países. Buscan llamar la atención de quienes circulan por la zona, mientras peatones y conductores se convierten por algunos minutos en su público.

El organillo logra hacerse escuchar entre motores, cláxones y el bullicio urbano. Genera curiosidad entre quienes se encuentran con esta tradicional figura durante sus recorridos.

Rafael es parte de la tercera generación de organilleros de su familia. Cada presentación representa para ellos una oportunidad de mantener vigente un oficio que forma parte de la cultura popular.

Su presencia en la ciudad suele ser temporal. Durante las temporadas en que llegan a la frontera, buscan ubicarse en puntos de gran afluencia para acercar esta tradición a los juarenses.

El objetivo es obtener una moneda o cooperación voluntaria de quienes disfrutan de su música. Aprovechan los tiempos de espera de los automovilistas para compartir sus melodías.