Chihuahua.- La vida institucional de Chihuahua late entre el ritmo de las prensas, el aroma de la tinta y el ir y venir del papel. Este año, los Talleres Gráficos del Gobierno del Estado cumplen 200 años como columna vertebral de la democracia y la administración pública en la entidad.

La imprenta estatal abrió sus puertas en 1826 y desde entonces ha dado forma a la memoria colectiva. De sus máquinas han salido decretos, leyes, informes, libros, materiales formativos, carteles y la propia Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Chihuahua. También es la sede histórica del Periódico Oficial del Estado.

Su labor ha sido clave para difundir ideas y construir instituciones transparentes y accesibles. Hoy, sus prensas no solo preservan el patrimonio, sino que garantizan la operación diaria de los 67 municipios: actas de nacimiento, tarjetas de circulación, recibos, constancias y toda la papelería oficial que requiere el gobierno.

Una imprenta viva y estratégica

Pablo Gerardo Ríos Villagómez, director de Adquisiciones y Servicios de la Secretaría de Hacienda, recorrió las instalaciones y subrayó el valor de la dependencia. "Nos llena de orgullo poder estar aquí, al servicio de las y los chihuahuenses, porque la palabra impresa permanece, da trascendencia y sentido a nuestro entorno", afirmó.

El funcionario reiteró que la imprenta seguirá siendo una aliada clave para el desarrollo y la competitividad del estado. Su capacidad de producción es notable: tirajes de hasta un millón de impresiones en tan solo una semana.

Rostros que sostienen la historia

Detrás de cada documento hay un equipo humano. Actualmente, 11 colaboradoras y colaboradores han sido reconocidos por acumular entre 15 y hasta 30 años de servicio. Uno de ellos es Ramón Javier Rascón, operador de imprenta y colector desde hace más de un cuarto de siglo.

Egresado del CECyT 423, Rascón encontró en la maquinaria gráfica un proyecto de vida. "A veces la gente no se cuenta, pero son años de documentos, de procesos, toda una vida", reflexiona. Gracias a su oficio pudo formar un hogar y apoyar la carrera de sus tres hijos. Junto a él, decenas de trabajadores —diseñadores, personal administrativo, técnicos, prensistas, empacadores y personal de control de calidad— forman el engranaje que sostiene la vida pública.

El taller conserva máquinas originales de gran valor patrimonial, como una impresora rayadora de 1890, así como prensas y tipógrafos antiguos. En sus muros destaca el mural "La Imprenta, refugio del pensamiento", obra de Aarón Piña Mora, que corona dos centurias de tinta, papel y vocación de servicio al pueblo de Chihuahua.