Chihuahua.- El retorno de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa ha provocado una ola de reacciones políticas, especialmente después de que la Fiscalía General de la República (FGR) concluyera que no hay elementos para imputarle nexos criminales. La decisión de la FGR contrasta con los señalamientos que el Departamento de Justicia de Estados Unidos mantiene en su contra.

Entre las voces que se han pronunciado destaca la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, quien lanzó una crítica irónica durante una entrevista radiofónica realizada en Creel, municipio enclavado en la Sierra Tarahumara. La mandataria se encontraba en esa región como parte de su gira Ruta Chihuahua, que recorre distintas localidades serranas.

Al ser cuestionada sobre la reincorporación de Rocha Moya, Campos Galván respondió con un tono mordaz:

“Si no andaba muerto, andaba de parranda y luego ya lo hicieron gobernador otra vez”.

La frase, pronunciada en vivo, refleja el escepticismo con el que algunos actores políticos observan el regreso del morenista al poder.

La gobernadora también aludió a la justificación que Rocha Moya dio al volver a su cargo, en la que aseguró regresar “con la frente limpia”. Campos Galván no ocultó su incredulidad ante esa declaración, en un contexto donde el mandatario sinaloense estuvo alejado de sus funciones durante meses, en medio de una profunda crisis de seguridad que azota a Sinaloa.

El regreso de Rocha Moya se produce después de que la FGR determinara que no existen pruebas que acrediten actividades o nexos criminales en su contra. Sin embargo, esa resolución no ha silenciado las críticas, pues el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo ha vinculado presuntamente con una estructura ligada a Los Chapitos, una de las facciones más poderosas del crimen organizado.

La polémica en torno a Rocha Moya no es nueva. Durante su ausencia, la violencia en Sinaloa se intensificó, y su retorno ha reavivado el debate sobre la relación entre la clase política y los grupos delictivos. La postura de Campos Galván, lejos de ser un hecho aislado, refleja la polarización que genera el caso en el escenario político nacional.

Mientras tanto, en Chihuahua, la gira de la gobernadora por la Sierra Tarahumara continúa, y sus declaraciones desde Creel han tenido eco más allá de las fronteras estatales. El episodio demuestra cómo los asuntos de seguridad y justicia en una entidad pueden escalar rápidamente a la arena política nacional, alimentando la confrontación entre oficialismo y oposición.