Chihuahua.- En una escena musical donde el metal todavía carga con prejuicios, Quinto Desierto busca abrirse paso con una propuesta que mezcla intensidad sonora y profundidad emocional. La agrupación chihuahuense, integrada por Fer Martínez en la voz, Carlos Aranda como screamer, Alex Córdova en la guitarra rítmica, Shaggy en la guitarra líder, Fher Avilez en el bajo y Sebazz en la batería, representa una nueva etapa de un proyecto que nació en 2018 y que ha sobrevivido a cambios de alineación, pausas e incertidumbre.
Quinto Desierto es también una historia de reconstrucción. De la formación original solo permanece Carlos Aranda, quien decidió mantener vivo el proyecto cuando parecía destinado a desaparecer. Fue él quien convocó a los músicos que hoy integran la banda y que terminaron por darle una nueva identidad.
“Carlos nos fue llamando a todos y nos fuimos integrando poco a poco”, recuerda Fer Martínez, vocalista de la agrupación, quien llegó al proyecto a finales de 2024 luego de ser invitada inicialmente para colaborar en una canción que nunca fue publicada.
La renovación tomó forma con Oblivion, sencillo que marcó el debut oficial de la alineación actual. La canción habla del miedo a ser olvidado, de la incertidumbre y de la necesidad de transformarse para seguir adelante. La metáfora encajó perfectamente con la historia de la propia banda.
“Habla mucho sobre el miedo a perderte, a que te olviden, el no saber si estás en el camino correcto, pero, de una u otra manera, transformarte y renacer de las cenizas”, explica Martínez.
Después llegó Covenant, una pieza que la cantante describe como un “grito de guerra” y que incorpora una crítica social más frontal. Ambos sencillos forman parte de Eclipse, el primer álbum de larga duración de la agrupación, integrado por nueve canciones y una introducción.
El disco funciona como una travesía emocional. Las letras exploran temas como la depresión, el bullying, la confusión existencial y las secuelas de experiencias traumáticas. Pero también ofrecen una salida. Temas como Aurora plantean la posibilidad de levantarse después de la caída, mientras que Inviernos explora el amor desde una perspectiva más íntima.
“Tenemos canciones que hablan de cosas tristes, de depresión, de bullying, de miedo a perderte, de no saber dónde estás, pero tenemos esta contraparte porque hay canciones que te invitan a seguir”, señala la vocalista.
La elección del metalcore no es casual. Para Quinto Desierto, el contraste entre voces limpias y guturales permite transmitir emociones extremas con una intensidad que otros géneros difícilmente alcanzan. Sin embargo, esa misma característica ha contribuido a que persistan estigmas alrededor del metal.
“Hay mucho estigma con el metal. Mucha gente piensa que son cosas satánicas o que estamos gritando nada más, pero si pones atención a la letra te das cuenta de que son cosas muy fuertes las que se tocan y es música que llega directo al corazón”, afirma Martínez.
Más que romper amplificadores o acumular decibeles, la misión de Quinto Desierto parece ser otra: conectar. La banda apuesta por escribir en español y contar historias nacidas de experiencias reales para que sus canciones funcionen como compañía para quienes atraviesan momentos difíciles.
“Queremos que Quinto Desierto llegue a los oídos y al corazón de muchas personas”, dice Martínez. “Que se sepa que en México hay mucho talento escondido y que nuestra música pueda hacer que la gente se sienta identificada y acompañada en este viaje que llamamos vida”.
En tiempos en los que la música pesada suele reducirse a estereotipos, Quinto Desierto propone una lectura distinta: el metal como catarsis, como espejo emocional y, sobre todo, como una forma de resistencia.

