Nueva York.- A más de cinco años del inicio de la pandemia de covid-19, especialistas advierten que sus secuelas continúan presentes no solo en la salud física, sino también en la manera en que la sociedad percibe el riesgo, la ciencia y las instituciones, situación que volvió a quedar en evidencia tras el reciente brote de hantavirus registrado en un crucero.

Aunque autoridades sanitarias han insistido en que el riesgo de propagación del hantavirus entre la población general es bajo, la aparición de nueve casos confirmados, dos sospechosos y tres fallecimientos provocó reacciones de temor similares a las vividas durante la emergencia sanitaria por coronavirus.

El episodio ocurrió luego de que pasajeros de un crucero fueran desembarcados en Tenerife, España, lo que generó inquietud entre habitantes de la zona.

“Nos sentimos un poco inseguros. No sentimos que haya medidas de seguridad al 100 por ciento para recibirlo”, expresó Samantha Aguero, residente de Tenerife. “Al fin y al cabo, esto es un virus, y ya vivimos esto durante la pandemia”.

Especialistas consideran que el covid-19 dejó una profunda erosión en la confianza hacia instituciones como el gobierno, los medios de comunicación y la comunidad científica.

“El covid socavó nuestra confianza en aquello en lo que la mayoría solíamos confiar”, afirmó Elisa Jayne Bienenstock, profesora investigadora y socióloga de la Universidad Estatal de Arizona.

La académica explicó que muchas personas interpretan la ciencia como un conjunto de respuestas definitivas, y no como un proceso en constante revisión.

“La mayoría de la gente no piensa en la ciencia como un proceso. En su mente, la ciencia es una respuesta, es un hecho”, señaló.

Añadió que durante la pandemia quedó expuesto el proceso científico en tiempo real, lo que generó confusión y debilitó la percepción de certeza entre la población.

“Mostró el proceso. Y mostró que los científicos no siempre tienen la respuesta”, sostuvo Bienenstock.

Por su parte, Michele Gelfand, profesora de comportamiento organizacional en Stanford, consideró que la pandemia incrementó la sensibilidad social frente a amenazas sanitarias, aunque muchas veces desconectada del riesgo real.

“El covid no solo aumentó la sensibilidad de la gente ante las amenazas a la salud. Lo hizo de manera desigual”, explicó.

La especialista advirtió que, ante la pérdida de confianza institucional, las personas tienden a apoyarse más en rumores, emociones o desinformación.

“Sin confianza, las personas dependen más del rumor, el miedo y la emoción”, indicó.

Además del impacto psicológico, las secuelas de la pandemia siguen presentes en hábitos cotidianos como el trabajo remoto, el uso de cubrebocas y el uso constante de desinfectante de manos.

Karlynn Morgan, enfermera anestesista jubilada en Carolina del Norte, aseguró que también percibe una disminución de confianza en la vacunación y en las recomendaciones científicas.

“Creo que la gente confía mucho menos porque antes la gente llevaba a sus hijos y simplemente los vacunaba”, comentó.

Los especialistas coincidieron en que reconstruir la confianza pública dependerá en gran medida de la claridad y honestidad de los líderes políticos y de las instituciones.

“Las instituciones fuertes y fiables han sido históricamente nuestro superpoder como sociedad”, afirmó Gelfand. “Sin esa columna vertebral institucional, perdemos la capacidad misma de acción colectiva”.