La digitalización de los pagos en México podría traer consigo nuevos gastos para los micronegocios y dejar fuera a quienes aún dependen del efectivo o tienen dificultades para acceder a servicios bancarios. Así lo advirtieron líderes empresariales en Ciudad Juárez, quienes señalaron que la modernización financiera avanza sin considerar la realidad de amplios sectores de la población.
Thor Salayandía, presidente del Bloque Empresarial Fronterizo, afirmó que México está lejos de contar con un sistema financiero moderno. "Modernizar el sistema financiero de México todavía es difícil, estamos muy lejos, estamos en pañales. Uno de los problemas es el empleo informal, dependemos todavía mucho del efectivo. Preocupa el tema de las comisiones, quién las va a pagar, la conexión de Internet que muchas veces falla y los costos que esto va a tener, porque son cargas para las microempresas. Debería ser algo paulatino. Solo vemos ganancias para la banca y exclusión financiera", advirtió.
El dirigente subrayó que la informalidad laboral, la arraigada costumbre de usar billetes y monedas, y las fallas de conectividad en varias regiones frenan cualquier intento de acelerar la adopción de pagos electrónicos. Además, puso sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién pagará las comisiones y los costos operativos que implicará para los pequeños comercios el uso de herramientas digitales?
Salayandía consideró que cualquier transición debe ser gradual, con condiciones que permitan a los negocios adaptarse sin poner en riesgo su viabilidad financiera. De lo contrario, advirtió, la digitalización se traducirá en beneficios para la banca y exclusión para los más vulnerables.
Desde la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), su presidente Iván Pérez alertó sobre otro riesgo: la clonación de tarjetas y las compras no reconocidas, que pueden dañar el patrimonio de los consumidores incluso después de bloquear y reponer sus plásticos. La cámara recomienda no perder de vista la tarjeta al pagar, revisar constantemente los movimientos bancarios y reportar de inmediato cualquier cargo no reconocido.
El impulso a herramientas como SPEI, CoDi y DiMo, contempladas en la nueva legislación para facilitar transacciones electrónicas y reducir el uso de efectivo, cobra relevancia en este contexto. Sin embargo, la digitalización también plantea interrogantes sobre quienes no tienen teléfonos inteligentes, acceso estable a Internet o conocimientos para usar plataformas bancarias, así como sobre los pequeños comercios que no pueden absorber nuevas comisiones.
El reto, coinciden las voces empresariales, no es solo modernizar los medios de pago, sino garantizar que la transformación financiera no se convierta en una carga adicional para los negocios ni en un factor de exclusión para los consumidores.